Compactarse y no jugar

Si alguien se quedó viendo el partido entre Crystal Palace y Newcastle, y no es fan de ninguno de los dos, realmente lo admiro. Fue, al menos el primer tiempo y gran parte del segundo, literalmente un bodrio. Sin embargo, los malos augurios en esta previa no nos imposibilitó de analizar ciertas cosas del por qué de éste fútbol tan friccionado, con poca construcción de juego y sustancialmente frontal.

El partido tuvo varios componentes que ya se veían venir desde arranque: el compacto de las líneas, el juego friccionado y la falta de alguien que tome el balón y se haga cargo de la gestación. Newcastle fue un equipo limitadísimo, sólo se limitó a una aferra postura, concentrándose por no dejar espacios libres a los spins de Zaha o Townsend; apenas disparó 3 veces al arco (remates casi sin peligro) y obtuvo el 38% de la posición.

Del otro lado, Palace mantuvo el balón durante la mayor parte del primer tiempo, aunque no le alcanzó para hilvanar jugadas concretas de gol para abrir el marcador. Cómo se ha dicho, durante gran parte del primer tiempo –y cómo factor directo del mal juego— fue lo compacto de las líneas, veinte jugadores prácticamente ubicados en los mismos 35 metros.

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La manera de descomprimir, y salir de tal agobio del bloque, es con la velocidad de los jugadores. Algo bastante difícil en ambos, primero que Newcastle nunca se interesó por ir a buscar los tres puntos; segundo que Palace depende mucho de Zaha, un jugador que es el principal conductor de los ataques: colabora defensivamente, toma el balón y se quita dos o tres rivales en pocos regates pero el tema es que queda muy sólo, y el Crystal Palace depende demasiado de él.

Quizás el jugador más regular en todo este partido fue el número 4 del equipo local, el serbio Luka Milivojević. Con su buena posición buscó hacer de nexo constante entre las ambas facetas del juego. Al quedar muchas veces cómo el único 5 y subir constantemente al ataque para intentar dar desequilibrios, los contraataques de Newcastle quedaban mano a mano con los defensores de un Crystal Palace cómodo. Más allá de esta eventual indisciplina, fue el único que bajó para interconectar las líneas, el único que entendió a su equipo como un bloque progresivo que debía tener juego interno.

El segundo tiempo se excluye de este mal augurio, sobre todo con el cambio que fue el ingreso de Mayer en el Palace, que le quitó responsabilidad directa en la gestación a Zaha. Las águilas de Londres fueron a buscar los tres puntos, con ataques que no terminaron en gol por muy poco. Lo mejor del partido se vio en los últimos 25 minutos.

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En la foto anterior se evidencian las dos posturas. Un equipo que busca caminos para atacar (con sus propias limitaciones) y del otro lado un estático 4-4-2.  Fue un mal partido para el espectador que busca ver algo divertido, llegadas, goles, buen juego. Si el empate favorece a alguien es al Newcastle, que busca rescatarse y salir de la zona del descenso.

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