La caída del Bari

El fútbol actual, el moderno, se rige por las mismas leyes que las sociedades actuales. El manejo empresarial de clubes ha sido una salvación para algunos equipos, pero para otros han sido las primeras paladas de tierra de una fosa muy profunda.

También es algo que cae por su propio peso el pensar que este manejo de los clubes, con dueños, empresarios, magnates millonarios, tiene mayor probabilidad de mantener un éxito en economías fuertes y pujantes.

Italia no es el caso. No descubrimos nada si decimos que el país mediterráneo no es de las economías más estables de la zona euro, pero no es una cuestión actual. La economía italiana tiene una matriz de dos vías: por un lado, la famosísima industria automotriz, con la FIAT a la cabeza, pero tampoco es un sector competitivo en el concierto europeo. La industria automotriz alemana o francesa son bastante superiores, salvo por el caso de FIAT. Y por otro lado, la explotación de commodities sobre todo al sur del país.

Es paradigmático el caso italiano relacionando fútbol y economía. Tal vez la única empresa multinacional exitosa del sector industrial italiano (FIAT) es manejada por la misma familia que maneja Juventus, el club dominante del calcio desde hace más de un lustro.

En este concierto donde todos tienen más para perder que para ganar, debemos hacer una nueva división en las posibilidades de subsistir de los equipos italianos. Están los que se han manejado muy bien, generando proyectos económico-deportivos interesantes como Fiorentina o Sampdoria, y en ese grupo (pese a la actualidad) los equipos históricos como Milan o Inter que tuvieron familias poderosas al mando (Berlusconi y Moratti respectivamente) pero que ahora han pasado ambos a capitales chinos.

Y en un segundo grupo están los equipos que sobreviven. Pese a su popularidad, las deudas se acumulan y si el éxito deportivo no aparece, la crisis se agudiza. La falta de fondos es un problema para muchísimos clubes italianos que han llegado con lo justo para pagar sus deudas al comienzo de esta temporada. Pero otros no han llegado.

Bari, Cesena y Reggina han tenido que declararse en bancarrota. Tal y como le pasó al Parma hace unos cuántos años y que en este curso lo tendremos en Serie A nuevamente. Refundarse y salir a jugar en Serie D es el castigo.

Ampliando la lupa sobre el equipo que hace de local en el hermoso estadio de San Nicola debemos decir que esta situación no es producto de un mal manejo de fondos en el último curso ni mucho menos. Y que probablemente tenga una persona que es responsable directo de todo esto: Cosmo Antonio Giancaspro.

Pero ¿quién es Giancaspro? Es un empresario italiano del sector energético que, con los otros dos dueños del club: Angelo Bona di Lecce y John Ferrara de Melfi llevaban adelante el club. Éstos últimos, son los que se han quejado ante la justicia italiana de las maniobras fraudulentas de Giancaspro, quien con una empresa al borde de la quiebra utilizó un millón y medio de euros para adquirir 5% de las acciones del Bari en 2013.

Pero Giancaspro no se ha quedado tranquilo con ese porcentaje, sino que utilizó a Kreare Enterprise, otra empresa para poder recapitalizar el club en 2016. Allí terminó adquiriendo el 71% de las acciones del club, en tanto para Bona di Lecce y Ferrara de Melfi les quedó en partes iguales el 29% restante que les duró poco, ya que acusan que Giancaspro utilizó la capitalización para quitarles su parte del club sin su consentimiento.

A partir de allí, las denuncias por lavado de activos, usura y extorsión se hicieron moneda corriente, pero Giancaspro ha salido siempre bien parado.

Hoy en día, los números ya no dan. El club debe más de un año del servicio de agua de la ciudad, una cuenta que supera los seis mil euros, pero también debe salarios desde el curso anterior y tiene un presidente con una inhibición que le prohíbe hacerse cargo del club, sanción presentada por la Federación Italiana de Fútbol una vez que el dueño del Bari se negó a inspecciones de los organismos de contralor del fútbol italiano. La situación económica actual del club arroja una deuda de 17 millones de euros, imposibles de pagar.

Los aficionados están tristes y no es para menos, pero repudian y no aceptan el hecho de que otro empresario aparezca para recapitalizar el equipo, como hizo Giancaspro en su momento. De hecho, han aparecido pintadas en las zonas cercanas al club protestando un hecho que no ha sucedido finalmente.

Todo hace pensar que Bari será de Serie D la próxima temporada. 110 años de vida, 30 temporadas en Serie A, todo tirado por la borda por los intereses y malos manejos empresariales de una sola persona. Y una situación en el fútbol italiano que no es nueva, y que también se repite en una cantidad de clubes incluso de Serie A como Chievo Verona.

Autor: Alex Machado

Orgulloso Profesor de Geografía. Fundador de Detrás Del Arco.

One thought

  1. Lamentable suceso, una mancha más a nuestro fútbol, dónde queda de manifiesto que no es sólo un deporte. El negocio se adueñó del sentimiento, en este caso de tres clubes italianos. Realmente me aflige está noticia.

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