Perú, la eliminación que deja mensaje

El sueño se terminó más pronto que tarde. Pero el trabajo y la ilusión por volver a otra Copa del Mundo a competir y ganar, se renovarán tras el partido con la Australia de van Marwijk para el Perú de Ricardo Gareca. La derrota por 0-1 ante una Francia con cambios, respecto a su debut, pusieron en jaque los objetivos de la blanquirroja.

El buen hacer, sin premio, para Perú ante Dinamarca en la primera fecha, sumado a la deficiente y llena de fortuna actuación de Francia ante Australia, hicieron que las expectativas se dupliquen por un hecho: el juego. Las superioridades, triangulaciones y presión eran las armas amenazantes de Perú para hacer daño a una selección gala que careció de gestación y recuperación, a la vez de un endeble comportamiento defensivo tras pasar, el rival, la medular del campo. Sí, hasta que chocase con tal vez, su mejor futbolista en lo que va de torneo: N’Golo Kanté.

Si bien Francia no mereció ganarle a una Australia correcta y solidaria, según sus posibilidades, y sin resignar el ataque, Deschamps sabía que no podía repetir el mismo error desde el inicio ante Perú: jugar sin Olivier Giroud. Jugador de culto, sin Karim Benzema, para las demás piezas francesas. Y esto, Griezmann y Pogba lo ponderaron luego para atacar a Perú con movimientos cortos y rápidos, sabiendo que el pequeño y no lujoso ‘13’, estaría cuidándoles las espaldas por si la jugada no terminaba.

Cada acción, cada intento de pase vertical, cada conducción y cada intento de gestación, fue muy bien leído por el jugador del Chelsea. En este sentido, le fue muy complicado a Perú sobrepasar y progresar en territorio Kanté. El territorio clave para que Francia pueda sobrevivir, a pesar, de tener malas actuaciones (Australia) o sopesar cuando le imprime vértigo y radicalidad a sus ataques (Perú).

Es cierto que Perú no posee un jugador de la talla diferencial de Eriksen con Dinamarca o Mbappé-Griezmann con Francia, y eso lo suplanta con mucha influencia del equipo y sus características que van aceitándose con el pasar de los partidos. Tal vez, ese puede que haya sido un hándicap al momento de enfrentarse con rivales de tanto peso individual, sin poseer la mecanización ofensiva de los de Ricardo Gareca. Merecer, muchas veces no alcanza. Y en momentos como este, es donde Perú debe aceptar la injusticia y tragar veneno, como bien diría Marcelo Bielsa. Al final, todo se equilibra, y seguramente, no pasará un suspiro tan largo para que volvamos a ver a la blanquirroja competir de igual a igual contra las grandes potencias del planeta.

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