Radiografía de una noche perfecta

Nacieron para esto. Ya es la tercera consecutiva, y la cuarta en 5 años. Son invencibles, no hay nada que pueda con ellos. O te pisan con su juego, o el destino esta de su lado, no hay caso. El sábado, el otro finalista parecía ser el indicado para terminar con la tiranía madridista, porque poseían la clave, la solución, para aprovechar las falencias del Real Madrid. Falencias que eran disimuladas con el gran poderío ofensivo que tiene en sus manos Zidane, pero que, de no resolverlas, en algún momento les tenía que costar caro. Parecía esta la ocasión, en una final de Champions, frente a un equipo que supo ganarse el cariño de los neutrales, que sólo esperaban ver buen fútbol. Pero ocurrió un problema, el más inesperado. Todo lo planeado previo al encuentro, apenas a la media hora de partido se fue a la basura.

Ambas alineaciones sin sorpresas. Incluso el Real Madrid repitió exactamente la que se formó para enfrentar a la Juventus en la final anterior. Todo daba a pensar que los estilos de juego de ambos, iban a ser los mismos de siempre. Pero antes que nada, ¿cuáles son estas falencias defensivas Merengues y las virtudes ofensivas Reds?

El Real Madrid en ataque, plantea 4 jugadores ofensivos, con ambos laterales actuando como extremos, y Ronaldo en el medio con Benzema más libre para bajar a recibir. Esto deja a ambos centrales con poco apoyo para controlar un contrataque. A su vez, a la hora de defender, puesto que cuenta con apenas un jugador de marca en la zona de volantes, muy a menudo, Varane y Ramos suelen salir a presionar y cortar los pases fuera de su posición, lo cual es bueno siempre y cuando lo hagan bien, porque de lo contrario, dejan al equipo mal parado y con muchos huecos. El Liverpool tenía las armas perfectas para aprovechar estas ocasiones. El equipo inglés, se defendía de manera compacta, siempre teniendo mayoría de jugadores en la zona donde transitaba el balón, de manera de que el rival no tuviera ideas claras para atacar. Cuando se lograba recuperar la posesión, pelota para Salah y pique rápido de Mané por su banda, y así hacer efectivos los espacios, o en un ataque normal, Firmino por detrás de ambos puntas para crear el juego.

El hombre clave para llevar a cabo el plan era el egipcio. Durante la primera media hora de partido, todo marchaba según lo previsto. El Madrid no se sentía cómodo, y el Liverpool no podía concretar las ocasiones que generaba, pero las generaba al fin. Llegó el momento clave. Sergio Ramos le hace una llave y lo engancha para que caiga con él tras disputar una pelota, pero el que sale perdiendo es Mohamed, que cae sobre su hombro, y abandona el campo entre lágrimas. Klopp no tiene un recambio al nivel de los titulares, y se decide por un volante ofensivo como lo es Lallana para ocupar el lugar de Salah, y que Mané tomara más protagonismo. Minutos después, también Carvajal por el lado Blanco cae derrotado, pero Nacho tomó su lugar y disimuló de gran manera su ausencia, haciendo que la estrategia de Zidane siguiera en pie.

Al principio, el encargado de cubrir al egipcio en sus acciones era Ramos, pero luego de que se fuera, tuvo mucha más libertad, que muchas veces aprovechó para irse al ataque como un delantero centro más. Los Reds perdieron una de las dos referencias de salida, y desde ese momento, el Real Madrid, motivado por la ausencia de su principal amenaza, empezó a equilibrar la balanza.

Con Mané a la cabeza de la ofensiva, y Firmino situado ya más dentro del área, lograron generar ocasiones, pero no fue lo mismo. Lograron un gol que igualaba el marcador, pero la falta de Salah no era la única desgracia que iban a sufrir. Sólo los valientes se paran debajo de los tres palos, porque son los que tienen las agallas de poner la cara ante situaciones como las que le tocó vivir a Karius.

En la noche del sábado en Kiev, el destino quiso que el Real Madrid levantara otra copa de Europa, es la única respuesta que se encuentra. Todo le jugó en contra al Liverpool, que estaba pronto para vivir una noche de ensueño, que les iba a devolver el poderío que tenían hace varios años.

Por otro lado, estamos viendo historia. Un equipo que hasta cuando se ve ampliamente superado, gana, y no hay que quitarle el mérito que merece. Es un equipo ganador, lo lleva en su ADN, y somos contemporáneos de una de sus épocas más gloriosas.

Autor: Federico Rodríguez

Cabeza fría, corazón caliente, la pasión es lo primero

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