El reencuentro

En fechas donde se menciona con mucha fuerza la salida de Alexis Sánchez, donde Mesut Özil realiza un vaivén de declaraciones sobre su estadía en el equipo londinense, encontrarse con un Jack Wilshere como lo hemos visto en esta temporada es un poco de agua en el desierto para Arséne Wenger.

En el club desde los nueve años de edad, el joven Jack debutó prematuramente en el primer equipo, siendo de los más jóvenes en hacerlo en una de las cinco grandes ligas europeas (16 años). Su aparición en el concierto del fútbol mundial no pasó desapercibida, era una perla, un diamante en bruto producto de un exitoso sistema de juveniles comandado por el alsaciano.

No obstante, sus constantes lesiones son su cruz. Acumulaba hasta el comienzo de este curso, menos de 2.000 minutos de juego (equivalentes a 22 partidos) en seis temporadas. Cuando lo normal, es jugar 30 o 40 partidos por cada una de ella. Eso lo relegaba, y le hacía perder terreno en un equipo que tiene como objetivo y obligación, obtener títulos.

Pero a Wenger, la paciencia, una característica impuesta por su modelo de gestión en el club y que hoy le salva el puesto, ha llevado a que tenga a Jack consigo y disponible para jugar. La cesión de la pasada temporada en Bournemouth lo han puesto a punto y hoy Wilshere es una de las más gratas sorpresas para el Arsenal. Una buena noticia, en un club que está más acostumbrado a las pálidas.

“Tiene técnica española, pero corazón inglés”

Arséne Wenger sobre Jack Wilshere hace ocho años

Jack Wilshere, ha aparecido en más de siete partidos como titular en el equipo gunner, además, ha completado los 90 minutos en cada uno de ellos. Sin miedo a una entrada dura, con la calidad en el pase como bandera, así ha jugado en estos partidos. Partiendo normalmente desde una posición muy protegida, en una línea de cuatro hombres con un carrilero a su izquierda, al otro interior a su derecha, con tres centrales por detrás, que van a enmendar cualquier error, pero por sobre todas las cosas, con tres jugadores delante que le hacen la vida muy fácil: Alexis Sánchez, Mesut Özil y Alexandre Lacazette.

El juego del chico nacido en Stevenage ha sido el de un interior muy físico, posicional, como cuando apareció en el club, pero siempre encargado de ser el punto de partida de las transiciones ofensivas del equipo, replegándose casi a zona defensiva para tomar contacto con el balón y luego, con posesiones cortas asociándose con el resto del equipo.

Wenger comenzó a colocarlo en la Fase de Grupos de la Europa League, en partidos oficiales, pero con rivales no tan duros para comenzar a tomar fútbol, a generarse espacios y sus momentos. Hoy, ya siendo habitual en Premier League, vemos a un jugador renovado, pero con la categoría que le vimos, por ejemplo, en aquella noche de UEFA Champions League en 2011 ante Barcelona.

Como valor agregado, posee un sentido de pertenencia hacia el club, como pocos tienen hoy en día en un plantel que suele adolecer de ello. El mismo lo dijo una vez cuando Manchester City quería su ficha: “Quien besa un escudo no es para irse al día siguiente a otro equipo”.

Autor: Alex Machado

Orgulloso Profesor de Geografía. Fundador de Detrás Del Arco.

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