¡Piensen!

Es difícil en el ‘planeta fútbol’ hoy, encontrar entrenadores congruentes desde el inicio de un proyecto deportivo, sea al frente de un club o en una selección. Al decir ‘congruentes’ me refiero esencialmente, entre lo que profesan delante de un micrófono con lo que su equipo sintoniza en el campo de juego –exceptuando los diferentes momentos de un partido-.

Ricardo Gareca –con las Eliminatorias concluidas- ha demostrado, entre tantos estruendos, ser eso precisamente: un entrenador coherente y congruente en todo sentido. Los equipos que comienzan una etapa, no son normalmente los cuales terminan la misma. Sin esta haber terminado, todavía. La mutación de la selección de Perú, que comanda el oriundo de Tapiales, se ha visto más remarcada en los apellidos que en la conjunción de juego pre-establecida.

El convencimiento que ha producido en sus dirigidos, a simple vista se produce en el salto también de la mano colectiva en función del juego. Apoyado exclusivamente en la tenencia de pelota, de acuerdo a las características de sus jugadores y siendo muy autocrítico cuando las cosas muchas veces no salieron bien. Eso sí, sin perder la creencia en sus jugadores, responsables de que el próximo mes de noviembre, Perú se juegue los últimos dos partidos que definirán si estará en Rusia 2018.

El fútbol es de los futbolistas, pero serían simples piezas de un rompecabezas desarmado sin alguien que los moldee y les haga liberar, en muchos casos, el talento con el que nacieron. Ricardo Gareca es el mejor ejemplo, moldeando y potenciando jugadores como Christian Cueva o Yoshimar Yotún a través de la paciencia y perseverancia, en su idea madre del juego de posición en maduración que posee Perú actualmente.

El mayor crédito y la mejor valoración que pueda tener un equipo, es ser identificado por sus rivales. Hoy en día, Perú es una selección con un sello repuesto de tinta y un equipo identificado con un patrón de juego que va acorde al sentir de su entrenador y a las propiedades de sus futbolistas. Siempre se intentará dejar el menor porcentaje de ‘suerte’ posible al destino de un equipo, pero está claro que todo proyecto, necesita un pelín de fortuna en el aderezo.

El casi gol de Diego Godín en Lima, el horror de Justiniano ante Carlos Cáceda en el Monumental o la ‘mala’ puntería de Leo en La Bombonera, conspiraron para que finalmente Perú haya terminado en el 5to lugar, debajo de Brasil, Uruguay, Argentina y Colombia. Una excusa más para el aficionado de sonreír, incrédulos de jugarse ante Nueva Zelanda un cupo para la Copa del Mundo. Tan cerca y a la vez tan lejos.

Eso sí, el más afanoso de que lleguen los partidos debe ser el siempre coloca sus dedos índices en la sien de su cabeza, con el buzo puesto y gritando a sus jugadores “¡piensen!”.

 

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