Quitándose la mochila del debut

Las dudas iniciales en el público y la prensa rusa, hacían de este debut en Copa Confederaciones un partido mucho más complejo del que podemos esperar ante Nueva Zelanda.

Ambos entrenadores salieron con propuestas muy cuidadosas, pero a sabiendas de que un gol recibido sería catastrófico para ambas escuadras. Porque, tanto europeos como oceánicos no tienen tantas variantes para poder revertir un resultado. Esto se agudiza con los segundos.

Defendiendo, ambos presentaron líneas de cinco hombres, en el caso de Nueva Zelanda mucho más estática cuando le tocó atacar, ya que no lo hizo con un juego asociativo, progresivo y que se valiera de la liberación de los carrileros, sino que decidió saltarse el mediocampo la gran mayoría de las veces, intentando colocarle balones largos a un solitario Chris Wood. El mejor exponente de la selección neozelandesa, poco pudo hacer al recibir generalmente balones aéreos de espalda al arco y sin hombres para descargar los pases que podía controlar.

Su mejor y único aliado por el planteo del entrenador de Nueva Zelanda era Marco Rojas. Pero en vez de ser un segundo punta, directamente fue derivado a tareas de contención, ya que se ocupó de Glushakov y Samedov dependiendo de quien se tirase sobre la banda derecha.

Lo que observamos entonces del campeón de Oceanía fue sumamente pobre, desde la propuesta futbolística, hasta la calidad táctico-técnica de sus jugadores. No se vislumbró en ningún momento una capacidad de reacción y además, desde el primer minuto cedió terreno y balón al combinado local. Ellos, se preparan para la final de su clasificatoria ante Islas Salomón, para luego si vencen, ir ante el quinto de Sudamérica. Cuesta creer que puedan, con este nivel, hacerle frente a una selección de estos lares.

Por su parte Rusia, que como dijimos dominó terreno y balón, tampoco fue algo digno del Bolshoi. Le costó progresar en el campo y a sus delanteros se les dificultó el poder realizar movimientos coordinados. Smolov y Polov no son centrodelanteros clásicos, suelen ensanchar el frente de ataque cayendo a banda con buenos resultados, pero hoy lo que vimos es que directamente se pisaban. Caían juntos sobre la banda, facilitándole el trabajo a los zagueros neozelandeses. No obstante, siempre fueron los primeros defensores del equipo, realizando presiones altas. De ese modo llega el primer tanto, aunque el mérito es de la sala de máquinas del equipo ruso. Ese triángulo en el mediocampo formado por Glushakov, Erokhin y Golovin acortaron el terreno de juego de su rival apretando mucho, y muy bien en tres cuartos de campo. Esa rápida recuperación les permitió conseguir el primer gol, pero además, forzar a Nueva Zelanda a abusar de los balones largos que mencionamos antes.

El otro cambio sustancial se dio con el ingreso de Bukharov, un delantero posicional que fue a ocupar el lugar de Polov. Eso le permitió fijar las marcas y dejar mucho más libre a Smolov. Fue entonces, cuando el último goleador de la liga rusa se pudo soltar con todo su potencial y observamos los mejores minutos en ofensiva de los rusos, pero además, lo mejor en materia individual en un partido que tampoco se caracterizó por ser vertiginoso y entretenido.

Rusia sale victorioso, pero más allá de los tres puntos. Gana en confianza, se saca de encima al rival más débil del grupo, si, pero también al que más presionado y obligado a conseguir los tres puntos estaba. Esto no era nada sencillo, y menos siendo local.

Autor: Alex Machado

Orgulloso Profesor de Geografía. Fundador de Detrás Del Arco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s