Una cita con la historia

En un continente donde el fútbol es el deporte rey, cuesta mucho comprender a una nación que tiene algo tan ajeno (aunque practicado) como el béisbol tan popularizado. Ésta es Venezuela. Un país que en el fútbol siempre fue la “cenicienta”, las selecciones poderosas del continente sabían durante el fixture de los Sudamericanos Juveniles, Copas América o Eliminatorias, que la única variante del resultado era cuántos goles podrían concretar en ese partido.

Mi primer recuerdo de un Uruguay vs Venezuela, fue en aquella Copa América de 1995. El partido inaugural se jugó en una noche helada de invierno, pero tocó asistir al Estadio Centenario. El resultado, era previsible. Uruguay, que contaba con Enzo Francescoli, Daniel Fonseca, Pablo Bengoechea, entre otros grandes jugadores, venció 4-1 a aquella débil selección caribeña, tan alejada del fútbol del Río de la Plata.

En ese partido atajó Rafael Dudamel, que sufrió, como otros porteros venezolanos, los embates constantes de las selecciones más superiores futbolísticamente. Pero a los golpes se aprende dicen, y vaya si han aprendido. Las hazañas de la misma selección venezolana derrotando a Uruguay en ese Centenario que vio caer muchas veces a la “vinotinto”, por 0-3 y por ejemplo lo realizado por el Caracas FC ante River Plate de Argentina por Copa Libertadores, mostraban un despertar del fútbol más caribeño de Sudamérica.

El otrora portero de la selección, nacido en el estado de Yaracuy tomó las selecciones juveniles en un periodo corto en 2012, pero logrando un enorme suceso con la categoría sub-17, clasificando por primera vez en la historia de la Federación a una competición FIFA. Dos años después tomó el mando de la sub-20, y tras la salida de Noel Sanvicente (aquel que dirigía el Caracas FC que eliminó a River Plate), tomó el mando también de la selección absoluta.

Pragmatismo, cerrar los espacios, y apoyarse en el enorme talento de sus jugadores, logró meterse en los Cuartos de Final de la Copa América Centenario, en el pasado año. En aquel torneo, a Uruguay le tocó enfrentar a su Venezuela, siendo derrotado y casi premonitoriamente con un enorme Adalberto Peñaranda, figura excluyente de la “vinotinto” dirigida por Dudamel en la Copa del Mundo Sub-20 que se disputa en Corea.

Juan Ricardo Faccio, un ex futbolista y entrenador de fútbol uruguayo, que ya promedia los 80 años, siempre fue muy despectivo con las selecciones sudamericanas con “poco éxito” deportivo: “Son peruanitos, bolivianitos, venezolanitos…” solía mencionar. Y puede que, en su vida como futbolista o entrenador, vivía en un mundo futbolístico, similar al que viví yo por primera vez en 1995. Pero esa despectiva frase, ya queda en desuso.

Venezuela ante Uruguay, salió a la cancha con un 4-4-2 que mantuvo durante todo el Sudamericano Sub-20 (torneo en el que la selección celeste no pudo derrotar, 0-0 y 3-0) con un doble pivote que se dividían las tareas defensivas en mitad de cancha, pero que también tenían la función de repartir el balón por bajo hacia las bandas, donde esperaban Córdova y Peñaranda. Uruguay, en otra categoría, si, ya había comprendido la importancia en el juego de Adalberto, por lo que no sólo el lateral derecho se dedicó a marcarlo, sino que su mediapunta por esa banda, Nicolás de la Cruz, se encargó de replegarse para escalonar al chico del cabello platinado. Obviamente, no fue tan gravitante, porque se lo marcó de buena manera.

No obstante, el ingreso de ese chico que nos deslumbró en el Sudamericano de Ecuador, Yefferson Soteldo, desarmó un modelo defensivo exitoso propuesto por Fabián Coito. La desfachatez del pequeño, pero habilidoso mediapunta fue decisiva y las referencias se perdieron debido a su movilidad. La mejor Venezuela se vio desde su ingreso, y el gol del empate parecía una cuestión inexorable en el trámite del partido. Llegó muy tarde, y eso es lo único que se puede achacar. Más tarde, los penales pusieron las cosas en su lugar y Rafael Dudamel y sus chicos se ponen en el partido decisivo del domingo, haciendo historia para una nación que vivió la mayoría de sus años futbolísticos en el ostracismo.

Es curioso, Dudamel -como he mencionado- nació en Yaracuy. Ese nombre deriva de las lenguas jirajaras, que se hablaban por los nativos en la zona. Significa: “Coger agua de allá lejos”. El entrenador ha tenido que irse hasta el otro extremo del mundo para “coger” agua. Veremos si el domingo se trae el cubo lleno en lo que es, sin dudas, el mejor viaje de la historia del fútbol “vinotinto”.

Autor: Alex Machado

Orgulloso Profesor de Geografía. Fundador de Detrás Del Arco.

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