Real Madrid vs Juventus, hace 19 años [1/2]

En primer lugar, hay que contextualizar un poco el momento y el lugar para darnos cuenta de la trascendencia que tuvo la final de Champions League de 1998 en los nacidos en la década del ochenta en esta parte del mundo (Sudamérica). Tenemos que recordar que la televisión por cable había llegado a estas latitudes hacía menos de cinco años, y en mi caso particular, desde marzo de 1996. ¡Cómo olvidar esa repetición el sábado por la mañana del partido de viernes de NBA transmitido por ESPN! Cuando el instalador terminó de hacer su trabajo me abrió un “nuevo mundo”, me sumaba a la minoría que tenía acceso a esa cantidad de canales, sobre todo, deportivos.

A pesar de contar con ese servicio, no recuerdo haber visto muchos partidos de Champions League, ni tampoco que sea común que la gente lo viera o hable como suele pasar hoy. Más bien, tengo que decir qué el primer partido que vi y del que era consciente fue la gran final del ´98. Estábamos en vísperas de Copa del Mundo, lo que hace que en mi país (Argentina), los medios de comunicación atiborren nuestra mente con información sobre el evento futbolístico por excelencia a nivel de selecciones.

Yo seguía bastante el día a día de los posibles 22 jugadores que serían convocados. Claudio Caniggia deslumbraba domingo a domingo en Boca, y la prensa presionaba para que sea convocado por el entonces técnico Daniel Pasarella. El mismo (acá el punto de contacto con la Champions League) que por una pelea en la cual pretendía que Fernando Redondo se corte el pelo, dejaba al mejor volante central del mundo fuera de dicha competición.

Real Madrid era un gigante, pero un gigante con su historia, porque en los tiempos que corrían, hacía 32 años que no ganaba una Copa de Europa/Champions League. El monstruo, en ese momento, era Juventus. Que, sólo dos años antes había sido campeón intercontinental, ganándole la final a River Plate de Argentina. Era habitual ver al equipo italiano metido en las fases finales de la copa.

Repasemos planteles del once inicial: en el Real Madrid estaba el campeón del mundo, Bodo Illgner, que había llegado al Madrid sin mucha prensa, pero se supo adaptar muy bien, siendo un arquero bastante sobrio y de un nivel normal, nunca fue duda en el arco blanco. La defensa estaba formada por cuatro hombres. En la derecha, se situaba Panucci, lateral italiano campeón de todo con el Milan de Capello, y que por él había llegado al Madrid. Bueno en la marca, bastante limitado cuando se sumaba al ataque. Fernando Hierro como primer central, a los más jóvenes recomiendo mirar a este fenómeno, porque si hoy existe Sergio Ramos, es porque antes hubo un Hierro. Le pegaba tan duro como Roberto Carlos y en su principal tarea, que era la defensa, fue un número uno en el cabezazo y el anticipo, solo sufría un poco cuando algún delantero lo sacaba lejos del área, al ser un jugador tan pesado esto lo complicaba. Su compañero de zaga fue Manolo Sanchis, un histórico que estaba en su última etapa como jugador, pero gracias a su experiencia jamás desentonó y terminó jugando en un alto nivel. El último bastión era un galáctico, un jugador con una capacidad y aptitudes físicas extraordinarias, un “animal”. Trepaba constantemente la banda para centrar, pero no era lo más peligroso de su repertorio: su diagonal a partir de mitad de cancha rival, hacía temer a los arqueros, porque desde este lugar en donde tenía espacio, solía sacar su tremendo cañón directo al arco.

real

El mediocampo estaba formado por gente que parecía jugar a otra cosa, sus movimientos y pases pertenecían a algún tipo “logia del buen gusto”. El más defensivo era Fernando Redondo, puede ser que en la faceta robos no haya sido el mejor, pero una vez que la recuperaba o la pelota pasaba por sus pies, era garantía que el balón iba a tener un buen destino. Siempre lo hacía bien y lindo.
La diez la llevaba Clarence Seedorf (para mí al que mejor estéticamente le quedó la 10 del Madrid). Otro tipo de jugador, más directo, más rápido, pero que seguía manteniendo el mismo “glamour” que Redondo cada vez que tocaba el balón. Daba la impresión que el holandés levitaba en el campo y que nunca se ensuciaba. Un jugador fino, que tal vez por eso no fue tan reconocido por el gran público, sin dudas un top 50 en mi lista. El trabajo sucio, y que para la gente que solo se encandila por el talento para lo ofensivo es invisible, lo hacía el francés Karembeu, que se ocupaba de relevar a los dos del medio y la recuperación del balón.

Adelante jugaban tres nueve puros de nacimiento, que por obvia razón dos de ellos tenían que tirarse a las bandas. Uno de estos, era el ídolo del barrio que ya no era un crío sino una de las principales figuras del equipo, Raul González Blanco, estaba en sus primeras Champions League, donde no se cansaría de hacer goles y levantaría la orejona tres veces en su carrera. Si la banda izquierda le quedó al siete blanco, la derecha fue para Pedrag Mijatovic. Hoy, mirando para atrás y después de ver todos los delanteros que pasaron por Real Madrid, suena a poco ese apellido, pero tengo que decir que era un tremendo jugador, y que, por formar parte de uno de los clubes más grandes del mundo, dejó su ego de goleador y puso todo su esfuerzo a servicio del equipo. Samuel Eto’o en el Inter de Mourinho o el actual Mario Mandzukic de Juventus han hecho ese mismo rol en el campo. En su lugar natural estaba Morientes, jugador de una técnica bastante depurada pero que le faltó ese fuego que se suele decir para ser recordado como uno de los grandes.

Autor: Juan Repetto

Seguidor del fútbol mundial, fanático, casi enfermo pero es lo que hay

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