Una tarde de domingo en Derry

Nada hacía prever que aquel EvertonSunderland del 10 de noviembre de 2012 fuera a pasar a la historia de la Premier League. La cámara repasaba los onces de cada equipo, y se fijó en un jugador en concreto. Hacía 2 años que los clubes de la liga inglesa habían decidido unirse a la tradición de cada 11 de noviembre de lucir en sus solapas la amapola conmemorativa o “remembrance poppy” como homenaje a los soldados británicos caídos. Pero aquel Remembrance Day, James McClean, dorsal 23 del Sunderland, no lució ninguna flor en su camiseta. El gesto supuso un escándalo de tal calibre que el Sunderland tuvo que sacar un comunicado en el que explicaba que la decisión de no llevar la amapola había sido algo personal del jugador, y que el club apoyaba el homenaje a los soldados caídos en el Remembrance Day. Año a año, McClean siguió negándose a colgar dicha flor en su camiseta, y, en 2014, siendo jugador del Wigan, decidió publicar una carta dirigida a su presidente Dave Whelan en la que explicaba sus motivos: “Si la amapola fuera un símbolo de los caídos de la I y II Guerra Mundial, llevaría una. […] Pero la amapola se usa para recordar a las víctimas de otros conflictos desde 1945 y aquí es donde empieza el problema para mí. Para la gente de Irlanda del Norte como yo, y específicamente para aquellos de Derry, escena de la masacre del Bloody Sunday de 1972, la amapola tiene un significado muy diferente. Por favor entienda, Sr. Whelan, que cuando eres de Creggan como yo o del Bogside, Brandywell o la mayoría de barrios de Derry, sabes que todos y cada uno de nosotros todavía vivimos a la sombra de uno de los días más oscuros de la historia de Irlanda, incluso los que como yo nacimos 20 años después del suceso. Es una parte de lo que somos, está enraizado en nosotros desde que nacemos”.

Precisamente del barrio de Creggan, en las afueras de Derry, partía el domingo 30 de enero de 1972 una manifestación convocada por la Asociación para los Derechos Civiles de Irlanda del Norte (NICRA, por sus siglas en inglés). Entre 10.000 y 15.000 manifestantes clamarían por la libertad de 342 personas detenidas y encarceladas sin derecho a juicio, bajo acusación de pertenencia al IRA. A pesar de que las autoridades habían prohibido cualquier tipo de manifestación, la marcha fue autorizada siempre y cuando discurriera por barrios católicos. Cuando los manifestantes se toparon con barricadas levantadas por el ejército británico, algunos jóvenes empezaron a lanzarles piedras. La respuesta del I Batallón de Paracaidistas fue más que contundente: dispararon a aquel grupo de civiles desarmados causando 14 muertes. El domingo sangriento supuso un resurgir del IRA: si las protestas pacíficas eran contestadas con violencia, entonces el camino de las armas parecía la única manera efectiva de hacerse oír.

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La zona de mayoría católica de la ciudad se hizo célebre como “Free Derry”

Por aquel entonces, el Derry City FC ya sufría una situación excepcional por sus fuertes lazos con la comunidad católica. Hacía tres meses que las autoridades norirlandesas habían decidido cerrar su estadio Brandywell con el pretexto de evitar enfrentamientos entre la afición y la policía norirlandesa, de abrumadora mayoría protestante. Los candystripes se veían obligados a jugar como locales en el estadio de Coleraine, ciudad mayoritariamente protestante situada a 48 km de Derry. Además de ser un trayecto largo, debido a los numerosos controles del ejército, los hinchas del Derry City temían una bienvenida hostil y violenta por parte de la población local, por lo que prácticamente nadie se aventuraba a desplazarse a Coleraine para apoyar a su equipo. Ante esta situación, el Derry City FC decidió abandonar la práctica del fútbol profesional, y durante trece años su actividad se redujo a participar en las ligas locales de fútbol base.

La situación del club era excepcional, y como tal requirió de una solución fuera de lo normal: en 1985, el Derry City FC solicitó formalmente su entrada en la recién remodelada Liga de Irlanda. De esta forma, los candystripes pasarían a competir en una liga de un país al que no pertenecía: la República de Irlanda. El argumento principal para convencer a la federación norirlandesa (IFA, por sus siglas en inglés) y a la UEFA era de peso: el club tenía una base social mayoritariamente católica y republicana situada en la célebre zona conocida como “Free Derry”, y la presencia de la policía norirlandesa en el estadio aportaba más sensación de peligro que de seguridad. Dada la identificación de su hinchada con sus vecinos del sur, la UEFA otorgó un permiso especial para que el Derry City FC pudiera competir en la República de Irlanda. Apenas tres años después de su debut en la máxima categoría de la liga irlandesa, los candystripes alcanzaban el mayor hito de su historia: en la temporada 1988-89 firmaban un triplete tras hacerse con la Liga, la Copa de la Liga y la Copa FAI. Y todo esto pese a los problemas financieros que habían forzado al club a principios de temporada a convertirse de nuevo en un club semiprofesional.

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Más de 2.000 aficionados acompañaron al Derry City en París

La espada de Damocles de la falta de recursos económicos es una constante en la historia reciente del Derry City. El peor momento de su historia llegaba en el año 2000, cuando las deudas amenazaban con obligar al club a declararse en bancarrota. Fue justo en ese momento en el que el club demostró los fuertes lazos con su afición, que movilizó a la población local para recaudar fondos que garantizaran su supervivencia. John Hume, quien además de ser natural de Derry era líder del partido socialdemócrata (SDLP) y Premio Nobel de la Paz, convenció a grandes clubes europeos para que jugaran partidos amistosos en el Brandywell para recaudar fondos. En aquel verano del cambio de siglo, por el césped de Derry desfilaron ilustres como el Real Madrid, el Manchester United y el F.C. Barcelona. Precisamente de aquel partido contra los culés en Derry se recuerda un regate del ídolo local Liam Coyle a un zaguero de leyenda como Carles Puyol.

Tal y como sucedió con el cierre de su estadio, el Derry City FC volvía a optar por medidas excepcionales para poder garantizar su supervivencia. Desde ese verano del año 2000, el club es oficialmente propiedad de sus aficionados, y un John Hume ya retirado de la política sigue ejerciendo como su presidente. A pesar de los vaivenes económicos, los candystripes siguen manteniéndose en la élite del fútbol irlandés, con participaciones memorables en competiciones europeas como aquella primera ronda de la Copa UEFA en 2006 en la que consiguieron sacar un valioso empate (0-0) ante el flamante PSG. En el partido de vuelta en París se cumpliría el guión esperado: 2-0 y clasificación para los locales. Pero en este caso, poco importaba el resultado. El Parque de los Príncipes era un escenario de lujo para celebrar que, a pesar de las dificultades, a este Derry City FC le queda aún mucha cuerda.

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