Sarajevo sueña con más fútbol

Hace unos años leí en algún periódico digital que Jovanka Broz había fallecido a los 88 años en su casa de Belgrado. La viuda de Josip Broz, el Mariscal Tito, fallecía en la más absoluta pobreza. Con ella se pierde el último vestigio de ese sueño socialista del dictador Tito que se llamó Yugoslavia, la unión de los eslavos del sur. Una tierra llena de matices sociales, políticos, culturales y religiosos unidos bajo ese lema romántico de “hermandad y unidad”. Más o menos en el centro geográfico de lo que era Yugoslavia se encuentra Bosnia y Herzegovina, y más o menos en el centro geográfico del país se encuentra Sarajevo, su capital.

La guerra acabó con ese cruce de caminos que desde hacía siglos era Sarajevo, y en la actualidad la ciudad sufre las irracionales divisiones étnicas y religiosas en las que está basada la compleja organización de Bosnia-Herzegovina. Donde antes era prácticamente imposible distinguir quién era ortodoxo, católico o musulmán, con múltiples casos de familias que englobaban varias religiones y “etnias”, ahora encontramos una Sarajevo con una mayoría aplastante de población musulmana conviviendo con dos pequeñas minorías católicas y ortodoxas. El sueño de convivencia de culturas y religiones que era Sarajevo, otrora pequeña Jerusalén balcánica, apenas se siente durante algunos días del año. Y uno de esos días será mañana 23 de julio: el día del derbi de la ciudad entre el FK Željezničar y el FK Sarajevo.

La rivalidad entre los dos equipos nace poco después de ver la luz Yugoslavia. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial el único equipo de fútbol de Sarajevo era el FK Željezničar, fundado en 1921 por un grupo de trabajadores ferroviarios. Precisamente Željezničar significa “ferroviario”, y el color azul de sus camisetas se toma prestado de los monos de trabajo de aquellos obreros que construían las vías del tren que unían la capital con el resto del país. Pero en 1946 Tito tenía otros planes en mente: que cada una de las capitales de las repúblicas que formaban Yugoslavia tuviera un poderoso equipo que las representara y les diera fama por todo el mundo. Nacía el FK Sarajevo, el club del régimen, el equipo que debía representar a la República Socialista de Bosnia-Herzegovina. Pronto las autoridades locales obligaron a los mejores jugadores del país a firmar por el nuevo club. Y empezaron por desvalijar al mejor equipo del momento: el FK Željezničar. Se cumplía así la paradoja máxima de un país socialista: un clubcreado por las élites que arrasaba un club creado por obreros, y lo hacía en nombre del bien común.

Derbi Sarajevo

Las consecuencias no se hicieron esperar. El Željo, sobrenombre por el que se conoce popularmente al FK Željezničar, descendió rápidamente desde el primer nivel del fútbol yugoslavo para caer en picado en los años sucesivos, mientras el FK Sarajevo se afianzaba en la élite. Habría que esperar hasta 1954 para poder disfrutar del primer derbi oficial de la historia de Sarajevo: el FK Sarajevo le endosaba un contundente 6-1 al Željo, el que por ahora es el resultado más abultado de los 107 derbis disputados hasta el momento.

Con el paso de los años, ambos equipos igualaron sus fuerzas y se convirtieron en dos clásicos de la Prva Liga yugoslava que siempre se miraban de reojo. Si el FK Sarajevo lograba proclamarse campeón de Yugoslavia en la temporada 1966-67, pocos años después hacía lo propio el Željo (1971-72). En la temporada 1984-95, el FK Sarajevo lograba sumar su segundo título de liga yugoslava. Para no ser menos, esa misma temporada el Željo se plantaba en Semifinales de la Copa de la UEFA, un hito que ningún equipo bosnio ha conseguido igualar hasta la fecha. En el descuento del partido de vuelta de aquella semifinal, cuando ya el Željo acariciaba el pase a aquella final donde esperaba el Real Madrid, el Videoton húngaro anotó el gol que hundía el sueño europeo del conjunto bosnio.

Pocos años después de aquel fatídico partido, estallaba la guerra que acabaría con esa Yugoslavia utópica cuya idea de “hermandad y unidad” tan bien sentaba al difícil equilibrio religioso y multicultural de Bosnia y Herzegovina. Sarajevo sufrió desde la primavera de 1992 hasta el invierno de 1995 el asedio más largo que ninguna ciudad del mundo haya sufrido en la historia contemporánea. Grbavica, el barrio donde se encuentra el estadio del Željezničar, fue ocupado por tropas serbias y serbo-bosnias, y el estadio de Grbavica, enclavado en tierra de nadie, acabó seriamente dañado. Por su parte, el enorme complejo deportivo que rodeaba el estadio de Koševo, sede del FK Sarajevo y de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sarajevo’84, se convirtió en uno de los mayores cementerios de Europa. Con el final de la guerra, el fútbol volvió a retomar sus pasos y en el temporada 2000-01 nacería la Premijer Liga que unificaba los tres campeonatos que se jugaban en la zona bosníaca, croata y serbia del país. El Željezničar, con 4 títulos, es el equipo más laureado del país y el vigente campeón, mientras que el Sarajevo ha sumado 2 entorchados.

manijaci
Tifo de los Manijaci (Maníacos), ultras del Zeljo. 

 

Al contrario que otros derbis de la región, como el de Belgrado o Zagreb, en las horas previas al derbi en las calles de Sarajevo se respira fútbol, pero no violencia. Rumbo al estadio nos encontramos con paradas de autobús o tranvía en las que se entremezclan las banderas burdeos del FK Sarajevo con las azules del Željo. Un grupo de hinchas del FK Sarajevo caminan hacia el estadio a escasos metros de hinchas del Željo. Apenas hay presencia policial, porque ambas aficiones han aprendido a respetarse fuera del estadio para competir sin tregua una vez da inicio el encuentro.

Porque una vez en las gradas, los Manijaci (Maníacos), los ultras del Željo, rivalizarán por enésima vez con la Horde Zla (Horda Roja), el grupo ultra del FK Sarajevo, para ver quién hace el tifo más espectacular o quién es más ingenioso insultando al rival al más puro estilo balcánico. Durante los derbis, los estadios quedan prácticamente divididos casi equitativamente de forma que cada afición ocupa más o menos la mitad del aforo, lo que le da un colorido único a estos encuentros. Los plavi  (azules) recuerdan en sus pancartas a mitos como Ivica OsimMehmed Baždarević; por su parte, los bordo-bijeli (literalmente burdeos-blancos) reivindican leyendas propias como Asim “Hase” Ferhatović o Safet Sušić. 

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Amor, vida, Sarajevo. Tifo de la afición del FK Sarajevo.

El balance histórico del derbi no puede estar más igualado: 31 victorias para el FK Sarajevo, 44 empates y otras 32 victorias del Željo. En esta ocasión se verán las caras en la primera jornada del campeonato bosnio 2016/17 en el que ambos clubes querrán superar su cuarto y quinto puesto de la temporada anterior.

Cuando deje de rodar el balón, una pequeña luz de esperanza se volverá a apagar en Sarajevo, al menos por un tiempo. Porque el Željo y el FK Sarajevo, clubes originariamente de clase, han conseguido lo que únicamente consiguió la Yugoslavia de Tito a la fuerza: romper las barreras políticas, económicas, culturales o religiosas, y unir a una ciudad, a un país, en una misma pasión. Por tanto, que gane el mejor y que llegue pronto el próximo derbi.

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