Tragedia de Port Said, guerra del futbol en Egipto

Hace ya cuatro años y 5 meses. Era el 1 de febrero de 2012, en pleno apogeo de la Primavera Árabe, y en el campo del equipo de Puerto Saíd, el Al-Masry, se jugaba el partido que iba a decidir qué equipo sería el campeón de la Primera División Egipcia -o Vodafone Championship-. El equipo local, el Al-Masry, ganaría por 3-1 el partido y, por ende, sería el campeón de la liga egipcia, pero lo que debería de haber sido un trago de éxito para unos -menos acostumbrados a ello- y un trago de amarga derrota para otros -más acostumbrados a los éxitos-, se convirtió en una pequeña guerra enmarcada en un terreno de juego y la venganza por uno de los hechos capitales de la Primavera Árabe en las orillas del Nilo. Una tragedia de la cual serían testigos los jugadores de ambos equipos y dejarían especial huella en algunos de los jugadores del Al-Ahly.

La afición del Al-Ahly está fuertemente relacionada con la Primavera Árabe, siendo una gran defensora de la misma, mientras que la del Al-Masry era una ferviente defensora también, pero en su caso, del régimen del presidente egipcio Hosni Mubarak. Una venganza bien calculada por parte de los seguidores del Al-Masry, que querían castigar a los defensores de la Primavera Árabe por el derrocamiento en febrero de 2011 de Mubarak.

Afición Al Masry
La afición del Al-Masry (su color es el verde) se mostró beligerante desde los primeros momentos

En el Estadio de Puerto Saíd había cerca de 13.000 personas y fueron los aficionados locales-no todos, pero sí un número bastante elevado- los que iniciaron una batalla campal en la que hubo persecuciones a los jugadores y aficionados del Al-Ahly, lanzamientos de objetos (como piedras y botellas), amenazas con arma blanca (desde cuchillos a espadas) e, incluso, disparos con armas de fuego. También se sucedieron numerosos desprendimientos y caídas de personas en las gradas. Los hechos arrojaron una cifra atroz: 79 muertos y más de mil heridos. Los fallecidos principalmente por fracturas y hemorragias internas. Y una sensación que es peor si cabe: la total indefensión sufrida por parte de aficionados y jugadores del Al-Ahly que se vieron sorprendidos por los hechos, pero también por la indulgencia y pasividad de los 3000 policías que vigilaban el partido y que no reaccionaron como debían a lo que ocurrió; sin embargo, fue una actuación acertada según el comunicado que emitió el Ministerio del Interior egipcio para salir al corte de las críticas: “pese a los preparativos policiales antes del partido, hubo una escalada de la violencia casi intencionada por una parte del público, y los servicios de seguridad actuaron ante esta actitud con sabiduría, para llevar el partido a buen puerto”. A todo esto, Aboutrika y sus compañeros asistían por obligación e impasibles al espectáculo, mientras estaban encerrados en vestuarios. Un total de tres horas, en las cuales llegaron a ver a cuatro personas morir, cuatro aficionados del equipo, según afirma Óscar Elizondo, ayudante de campo en el Al-Ahly.

Jugadores Al Ahly corren para protegerse
Los jugadores del Al-Ahly tuvieron que correr para poder protegerse

Una tragedia nacional

La barbarie vivida en el estadio del Al-Masry no escapó de los ojos de la comunidad internacional, aunque como viene siendo habitual, ocupó las portadas de los periódicos al día siguiente, luego pasó a las páginas interiores y cuatro años después nadie se acuerda de ello.

En Egipto, sin embargo, la huella que dejó fue devastadora para el fútbol egipcio, tanto a nivel federativo como político. Kamal Ganzouri fue primer ministro egipcio de diciembre de 2011 a agosto de 2012 y tuvo que lidiar con el problema. Su primer paso fue el de disolver la federación de fútbol egipcia y destituyó al gobernador de la ciudad de Port Saíd.

Hassan Hamdy, el actual presidente del Al-Ahly, tras haber defendido la camiseta del club como defensa de finales de los 60 a finales de los 70, dictó que se suspendieran las actividades de todos los clubs deportivos del Al-Ahly, -decisión que actualmente ya está revocada-y la controversia creada fue importante, pues es el club que más jugadores aporta al combinado nacional egipcio. Desde la FIFA, de la mano de Joseph Blatter, también se condenó lo sucedido y se exigió una exhaustiva investigación de los hechos. Incluso el entrenador del Al-Ahly, el portugués Manuel José hizo una donación de 50.000€ para las víctimas y dimitió, dejando el banquillo del equipo egipcio “como recuerdo de las almas perdidas en la tragedia”.

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La pasividad de las fuerzas policiales egipcias fue una de los argumentos claves en la Tragedia de Puerto Saíd

Dos históricos que dijeron adiós

Tal fue el impacto que provocó la tragedia en los jugadores del Al Ahly que dos de ellos, dos históricos, se retiraron indefinidamente del fútbol profesional: Mohamed Aboutrika y Mohamed Barakat. Otro jugador como Emad Moteab, decidió no volver a jugar al fútbol hasta que no se aclarase el asunto y se castigase a los culpables. La decisión de estos tres jugadores causó un gran impacto en el fútbol egipcio, pues se retiraban del fútbol el trío que componía el llamado “Triángulo de las Bermudas” del Al-Ahly a finales de la década pasada y que tantos quebraderos de cabeza trajo a sus rivales tanto en competición doméstica, en la CAF y en África, a nivel de selecciones.

Pero el tiempo pasa, se depuraron responsabilidades y Emad Moteab volvió a jugar al fútbol, en su equipo, el Al-Ahly. Distinto era el caso de Aboutrika y Barakat que no parecían con ganas de volver al fútbol. El último confirmó su retirada definitiva, pero ‘El asesino sonriente’ parecía que aún tenía ganas de seguir jugando y fue la llamada del entonces seleccionador egipcio Bob Bradley (padre del centrocampista del Toronto FC, Michael Bradley), el que le convenció para que volviera al fútbol en activo. Gracias a eso, aún pudimos seguir viendo un tiempo más al bueno de Mohamed Aboutrika jugando y marcando (y rezando y sonriendo, como hace después de cada gol) goles con el Al-Ahly.

Asientos Port Said
Así quedaron muchos asientos del Estadio Puerto Saíd

Finalmente, a principios de enero de 2013, 21 de los 70 acusados por la Tragedia de Port Saíd fueron sentenciados a pena de muerte y, como es lógico en un país tan convulso y polarizado, las reacciones no se hicieron esperar, dejando cerca de 30 muertos en los enfrentamientos-protesta con la policía y con los enfrentamientos producidos en los funerales de los aficionados del Al-Ahly fallecidos en la tragedia de Port Saíd.

Finalmente, el fallo del primer juicio fue anulado el 6 de febrero de 2014 y posteriormente se volvió a celebrar otro donde se condenó a 11 aficionados del Al-Masry a la pena de muerte. Parece que todo sigue igual, tanto la pasividad de la policía para defender a los aficionados del Al-Ahly de la ratonera en la que se transformó el estadio del Al-Masry, como la violencia en los terrenos de juego, pero podemos observar a Egipto como el ejemplo perfecto de que mezclar política –radicalizada- y fútbol, puede dar lugar a algo macabro, pero, finalmente, lo que sale a la superficie es el deporte, su nobleza y la grandeza de todos aquellos amantes que forman parte de él, en cualquier parte del mundo. Sirva este reportaje como condena para aquellos que quieren hacer de algo inseparable, como la política y el fútbol, un salvoconducto para la violencia, en África, en Europa o donde sea.

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