El príncipe valiente

26 de junio de 2016. Charles Aránguiz camina con una llamativa tranquilidad hacia una de las áreas del Metlife Stadium. Su cara no refleja la tensión del momento. Segundos atrás, Lionel Messi y Arturo Vidal, las figuras de Argentina y  Chile, habían perdido sus respectivos lanzamientos y la serie se iba estrechando; a esa altura, el que se equivocaba le daba ventaja casi incontestable al rival.

El príncipe se para frente al chiquito Romero como si nada. Como si no hubiese corrido durante 120 minutos marcando al mejor jugador del mundo, sin importar que estaba reapareciendo luego de una lesión que lo había dejado sin jugar durante toda la temporada. Como si el arquero argentino no tuviese perfectamente analizado su forma de patear penales.
El príncipe entonces tomó poca distancia del balón y esperó el pito del arbitro
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Charles Aránguiz nació en la cantera de Cobreloa, quizás el cuarto club más grande del campeonato chileno, pero que en este momento vive una de sus peores crisis. En el desierto coincidió con un tal Alexis Sanchez y con Eduardo Vargas, tres amigos de toda la vida que se reencontrarían luego en la selección. En el club naranja debutó en el 2006 con apenas 18 años. Con el tiempo se convirtió en la figura del equipo, y Marcelo Trobbiani, entrenador y idolo del club lo llegó a comparar con Ricardo Bocchini. Tras un par de buenos años llamó la atención de Colo-Colo quien lo fichó en el 2009 en donde alternaría malas y buenas actuaciones, pero lograría ser campeón del Clausura y terminaría siendo contratado por Quilmes, en su primera experiencia internacional.
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Las condiciones de Aránguiz, un mediocampista duro, de amplio recorrido, de mucha potencia física pero con talento e inteligencia para construir el juego desde el mediocampo llamaron la atención de Marcelo Bielsa, quien lo  empezó a llamar al final del proceso de clasificatorio para el mundial de Sudáfrica 2010. Incluso integró la nómina final de 30 hombres pero una lesión lo dejo sin chance de poder ir al a máxima cita. Su revancha iba a llegar cuatro años más tarde.
Tras su paso por Quilmes, llega a la Universidad de Chile en 2011 de la mano de Jorge Sampaoli. Se vuelve fundamental en el andamiaje del último gran equipo del fútbol chileno. Primero jugando por la banda y luego en medio, el príncipe crea una sociedad perfecta con Marcelo Diaz (hoy en Celta de Vigo) y es protagonista silencioso de un equipo inolvidable. Logra levantar la Sudámericana y tres campeonatos nacionales, lo que lo lleva a ser elegido en el 2012 como parte del equipo ideal de América y hace que Internacional de Porto Alegre se fije en sus servicios. Aranguiz mantuvo los pies en la tierra pese a que hinchas y periodistas pensaban que estaba listo para dar el salto a Europa: Un paso por Brasil era perfecto antes del despegue definitivo.
En tierras cariocas brilló junto a D’Alessandro siendo bicampeón del torneo local y semifinalista de la Copa Libertadores. En 2014 vino también su consagración en la selección, siendo clave en la actuación que llevo a la selección hasta segunda fase, anotando un gol frente a España en el histórico triunfo 2-0 ante la selección que defendía la copa.  Un año más tarde brillaría definitivamente, siendo el mejor jugador en la histórica obtención de la Copa América 2015, la primera en 100 años de historia para Chile.
La carrera de Aranguiz, pese a sus enormes condiciones, ha sido mucho más lenta y menos mediática que la de varios de sus compañeros. El momento de la consagración tenía que llegar tras el contrato firmado por el Bayer Leverkusen para la temporada 15/16 pero una rotura en el tendón de aquiles dijo lo contrario.
Charles se mantuvo inactivo durante ocho meses y se temió que perdiera el nivel con el que había llegado a Europa. En una recuperación que sorprendió a todos, el 1 de abril del 2016 hizo su debut oficial en las últimas fechas de la Bundesliga. Incluso alcanzó a anotar un gol con la camiseta de las aspirinas. Dos meses más tarde, viajaba a Estados Unidos para jugar nuevamente por Chile.
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Sergio Romero no se movió cuando Aránguiz pateó su penal. Dicen que debió haber pensado que Charles iba a colocar el balón en ese lugar, de la misma forma que lo había hecho en la definición de la Copa América 2015. Lo cierto es que la velocidad del lanzamiento apenas le dejó espacio para reaccionar.  El jugador del Bayer Leverkusen fue designado por sus compañeros para lanzar el tercer penal, el más complicado en una definición, porque es el único que no falla.  Lleva 20 penales cobrados y solo perdió el primero, de ahí para adelante, nadie pudo atajar su violento remate. Ni en Cobreloa, ni en Colo-Colo, ni en Quilmes, ni en la Universidad de Chile ni en Internacional o en el Bayer Leverkusen. De hecho, ha sido el único jugador chileno en patear sin fallar durante las tres definiciones que esta generación ha protagonizado: ante Brasil en el mundial del 2014 y las dos contra Argentina. Sus compañeros sabían que era su amuleto.
Ahora, tras la consecución de la Copa América, Charles debe volver a Alemania, donde será casi un refuerzo para su club, que no pudo contar con su talento durante la temporada pasada. Aunque esta lejos de ser una promesa (tiene 27 años) seguramente será una de las revelaciones a seguir  en el viejo continente. Un paso más en la carrera de un hombre que siempre ha caminado hacia adelante, de manera lenta, pero segura.

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