Los Niños de la Guerra: Españoles en la URSS

España, 17 de Julio de 1936, el Ejército lleva a cabo un fracasado golpe de Estado contra el gobierno de la Segunda República surgido de las elecciones de Febrero de ese mismo año cuando el Frente Popular, una coalición creada en Enero de 1936 por los principales partidos de la izquierda española y liderada por el candidato de Izquierda Republicana Manuel Azaña. Se suceden sublevaciones en distintos puntos del Estado, Melilla en primer lugar, el coronel Juan Seguí, jefe local de la Falange, lograría la rendición del general Romerales e imponer la Ley Marcial en la población norteafricana, Tetuán, Ceuta, Larache, Canarias, el bloqueo del estrecho de Gibraltar se sucedían ese mismo 17 de Julio, Sevilla, Cádiz, Córdoba caían en manos de los golpistas en la semana siguiente. Se iniciaba uno de los periodos más crueles de la historia española, la Guerra Civil, que concluiría el 1 de Abril de 1939 con la victoria de los sublevados y la imposición de la dictadura del general Francisco Franco que duraría hasta su muerte, el 20 de noviembre de 1975.

Según avanzaba la Guerra Civil y los sublevados ganaban territorios, las condiciones que se sufrían en la retaguardia republicana se iban recrudeciendo, motivo por el que, a través del Consejo Nacional de la Infancia Evacuada, creada por el Frente Popular, se comenzaron a realizar envíos de menores de edad a países afines que, o bien fueran afines ideológicamente, o simplemente tuvieran intenciones humanitarias, con el fin de evitar que los pequeños sufrieran las calamidades de la peor de las guerras, la que se llevan a cabo entre hermanos. Francia, Bélgica, Reino Unido, Suiza, México o Dinarmarca fueron algunos de los países que recibieron estos envíos, y por supuesto, la Unión Soviética, que entre 1937 y 1938 recibiría hasta cuatro expediciones, llegando hasta territorio soviético cerca de 3.000 niños, la mayoría vascos y asturianos, muchos de ellos sin acompañantes debido a la urgencia de su traslado, siendo éstos alojados en diferentes casas de acogidas que recibieron el nombre de “Casas de Niños“, hasta dieciséis repartidas por todo el territorio soviético.

Entre los niños y familiares existía el convencimiento que el paso por la URSS sería corto, sin embargo, la victoria del bando sublevado y el inicio posteriormente de la Segunda Guerra Mundial, cambiaría por completo el futuro de los miles de niños que, a pesar de todo, siguen manteniendo que fueron unos privilegiados por la educación recibida durante aquellos años, especialmente antes de la invasión nazi de 1942, momento en el que las casas fueron desmanteladas.

Muchas son las historias que se podrían contar sobre los niños de la guerra, como la de Clara Aguirregabiria, madre de José “Chechu” Biriukov y estrella del baloncesto soviético y español, de Carmen Orive, madre del doble campeón olímpico de hockey hielo, Valeri Jarmalov, tristemente fallecido en 1981, con sólo 33 años, en un accidente de tráfico, y considerado entre los mejores jugadores de la historia de este deporte o de Luis Lavín, que combatiría en la Segunda Guerra Mundial encuadrado en el 826 regimiento de cazas de la 36 División Aérea soviética y que fallecería en España en el más absoluto de los olvidos obligado a vivir de la caridad de las ONG.

Valeri Kharlamov y su madre, Carmen Orive
Valeri Kharlamov y su madre, Carmen Orive

Centrándonos en el fútbol, que era la vía de escape de muchos de los niños de la guerra, más aún con la gira propagandística por tierras soviéticas de una selección de futbolistas de Euskadi en 1937, nos encontramos con historias como la de Ruperto Ignacio Sagasti, alojado primero en una de las casas en Odesa donde las bombas alemanas reaparecerían en su vida y le obligarían a volver a escapar, esta vez hacía Bakú y Tiflis, sin dejar nunca de lado su gran pasión, el fútbol, comenzando a jugar en el equipo de españoles que se había formado en Odesa, llamando pronto la atención de clubes soviéticos y, antes del final de la guerra, en 1944, ya figuraba como uno de los componentes del Krylia Sovetov destacando como extremo zurdo, y en 1949 se uniría al Spartak de Moscú, el club del pueblo, con el que lograría proclamarse campeón de la Copa de la Unión Soviética de 1950.

Agustín Gómez Pagola
Agustín Gómez Pagola, segundo por la izquierda.

Otra de las historias a destacar es la del natural de Rentería, el defensor Agustín Gómez Pagola, único jugador español que jugaría con la Unión Soviética, disputando los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952, cuando ya era capitán del Torpedo de Moscú y campeón de la Copa de la Unión Sovíetica de ese mismo año. Regresaría a España en 1956, firmando por el Atlético de Madrid, ya con 34 años y fuera de forma que, unido a su etiqueta de “rojo”, le harían durar poco tiempo en el club de la capital. Sin embargo, su regreso serviría para que, una vez dentro de España, ayudaría a la reconstrucción del ilegal Partido Comunista, especialmente en el territorio de Euskadi, donde se establecería tras abandonar el fútbol. No llegaría a ver legalizado al Partido Comunista, del que sería expulsado en 1969 tras un enfrentamiento con Santiago Carrillo, falleciendo sólo cuatro días antes que el general Francisco Franco.

Sueños de infancia frustrados por la irracionalidad humana, desde el Reino Unido hasta la Unión Soviética, desde Argentina a México, donde la barbarie de la Guerra Civil española y la posterior Segunda Guerra Mundial nos han dejado cientos de historias que, al igual que la de Ruperto Sagasti y Agustín Gómez, merecen la pena ser recordadas.

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