Los nuevos dioses del Olimpo

Luego de la Euro 2016, Portugal está en boca de todos. El lazo entre Portugal y Grecia se refuerza en Fernando Santos, el capitán del barco luso, que dirigió durante nueve años en la Superliga griega y fue cuatro veces nombrado mejor entrenador, antes de llevar a la selección helénica a los octavos de final de Brasil 2014. Sin embargo, la relación nació mucho antes. Un 4 de julio de 2004, Grecia venció 1-0 a Portugal en el Estádio da Luz de Lisboa y alzó el trofeo continental por primera vez en su historia.

Para entender cómo llegaron los griegos a su día de gloria, hay que remitirse a 2001. Luego de años de malas campañas, el alemán Otto Rehhagel, de gran trayectoria en su país, fue contratado por la federación griega para llevar las riendas del seleccionado. Luego de un mal comienzo en la clasificación, con derrotas frente a España y Ucrania en las que recibió cuatro goles y no anotó ninguno, el conjunto helénico ganó los seis partidos restantes, incluyendo una victoria por la mínima en La Romareda, la noche en la que el cmapeón se empezó a construir. En esos seis partidos, el saldo fue de ocho goles anotados y ninguno recibido. Con 18 puntos, Grecia ganó el grupo y relegó a los españoles al repechaje. Pese a su buena eliminatoria, Grecia seguía siendo una de las peores en el ranking, por lo cual el sorteo de la Euro la envió a jugar al Grupo A contra los locales, los españoles (de nueva cuenta) y los rusos. Su forma de juego, más el plantel que tenía y el grupo donde había sido encuadrada, hacía que nadie tuviera a Grecia en los planes.

Equipo extremadamente trabajador, el conjunto heleno tomó la fisonomía de un 4-4-2, que muchas veces se transformó en un 4-5-1, aunque sin muchos cambios de intérpretes. Todos tomaron un rol muy importante a la hora del sacrificio y de la recuperación del balón, la cual se buscaba casi sin excepción en el campo propio. El compromiso con la idea era tal que Vassilios Tsiartas, talentoso mediapunta y posiblemente el mejor jugador griego de la época, no era parte del equipo inicial.

Grecia completó una gran fase de clasificación donde superó a España en la tabla.

El arco, ocupado por Antonios Nikopolidis, y la última línea, conformada por Giourkas Seitaridis, Traianos Dellas, Michalis Kapsis y Takis Fyssas, fue prácticamente inamovible y fue la piedra angular del éxito. Delante de ellos se encontraba el capitán Theodoros Zagorakis, el mejor jugador del campeonato, acompañado por Angelos Basinas, el más cerebral de los mediocampistas. Las bandas eran para Karagounis y Giannakopoulos. La delantera era compuesta por Angelos Charisteas y Zisis Vryzas. Cuando el equipo pasó a jugar con un solo atacante nato, se alternaron como extremos en las bandas para aumentar el apoyo a sus centrocampistas. A medida que el torneo avanzó, Kostas Katsouranis se hizo con un lugar a fuerza de grandes actuaciones y la base pasó a ser de doce.

Si bien incluyó sufrimiento, el camino no fue casual. En el partido inaugural, Grecia sorprendió a Portugal (y quizá a sí misma) al ponerse al frente en los primeros diez minutos con un tanto de Karagounis desde afuera del área. Si Grecia jugaba con mesura, inteligencia y mucha fuerza a la hora de defender cuando el marcador estaba empatado, mucho más lo hacía cuando ganaba. Así, una contra muy veloz terminó con Cristiano Ronaldo cometiéndole penal a Seitaridis y Angelos Basinas aumentando la ventaja. De esta manera, Grecia dominó lo que quedaba de encuentro y los lusos solo pudieron descontar en la agonía del partido con un cabezazo del propio Cristiano.

Nadie tenía a los de Rehhagel entre los candidatos.

Los dos partidos siguientes fueron posiblemente los peores del conjunto helénico. Frente a España logró empatar gracias a Charisteas, luego de caer en desventaja por un grosero error defensivo capitalizado por Morientes. Frente a Rusia, la eliminación estuvo muy cerca. Los griegos se vieron detrás en el encuentro con un tanto en el segundo minuto, y en el cuarto de hora encajaron el segundo, luego de marcar muy mal en un córner. Grecia estaba desconocida y fueron el gol de Vryzas en el segundo tiempo y la victoria de Portugal por la mínima que le permitieron avanzar gracias a la diferencia de gol.

De cara a las rondas de eliminación directa, Grecia volvió a parecerse a Grecia. Rehhagel le renovó la confianza a su equipo base y comenzó su camino a la gloria.

En cuartos de final, se cruzó en el camino la campeona defensora, Francia, que llegaba invicta y tenía a Thierry Henry como el abanderado de un gran equipo. Sin embargo, los galos chocaron contra el muro. Un trabajo defensivo fantástico y una gran jugada de Zagorakis que terminó con un testarazo de Charisteas fueron la diferencia entre ambos.

Antes de la semifinal, otra vez la creencia general era que el camino de los helenos había llegado al final. República Checa, el rival, era la sensación de la competición. Luego de ganar con puntaje perfecto un grupo que incluía a Holanda y Alemania, había despachado a Dinamarca en cuartos con una goleada. Nedved, Baros, los últimos cartuchos de Poborský y un Rosický que estaba fascinando a toda Europa eran el seguro rival de Portugal en la final. Irónicamente, el día que más jugadas de gol generó Grecia, fue el día que no pudo anotar. Incluso pasó momentos de zozobra, coronados con un remate de Rosický que se estrelló en el travesaño. Los noventa minutos se terminaron sin goles y el partido se fue a la prórroga y el gol de plata. Allí, Rehhagel jugó su última carta. Tsiartas, el de la zurda deliciosa, empujó a su equipo a la final. Luego de dos chances claras evitadas por Petr Cech, llegó un saque de esquina en el último suspiro del primer extra. Una ejecución fantástica al área chica y el anticipo de Dellas dejaron a los checos sin nada que hacer.

Como para darle más heroicidad al viaje, tocaba terminar con la misma víctima que había empezado. Portugal ya no era el mismo. Ya no era posible postergar lo inevitable. Cristiano Ronaldo ya comenzaba a ser una realidad y se había quedado con el sitio de Rui Costa en el once.

Greece's forward Angelos Charisteas (R)
FRANCK FIFE/AFP/Getty Images

El mencionado 4 de julio de 2004, Grecia coronó su gesta. Defendió como mejor sabía hacer y cuando pudo, buscó combinar por las bandas. En la hora señalada, jugó su mejor encuentro. Obligó a los lusos a tirar mayormente desde afuera del área y lo limitó a tan solo una jugada clara en los pies de Figo. Cuando el partido se acercaba a los 60 minutos, Seitaridis consiguió un tiro de esquina. Basinas lo ejecutó con veneno y, ayudado por una deficiente salida del portero Ricardo, Angelos Charisteas cabeceó la pelota al gol. Después de eso, pese a ganar por la mínima, los griegos no vieron su victoria peligrar realmente. Menos de una hora después, Markus Merk pitó el final y este equipo pasó la historia. Eternos luchadores, los griegos le dieron una lección al fútbol mundial y se coronaron reyes de Europa, en una de las sorpresas más grandes de la historia.

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